En mi libro Mundo Volátil cuento la siguiente historia, fruto de una experiencia personal que me ayudó a entender cómo todas las cosas en el plano natural tienen una aplicación en el plano sobrenatural. Hace años, mi esposa, María del Mar, me animó a subir a uno de nuestros naranjos para recoger las pocas naranjas que quedaban en la copa del árbol. Al subir, entre la encrucijada de varias ramas, observé un nido de pájaro perfectamente hecho y con tres huevos en su interior.
Caí en la cuenta de que, desde hacía bastantes días, una pareja de mirlos revoloteaba continuamente por nuestro pequeño jardín. Interesado por este tipo de aves, me puse a investigar y descubrí que el mirlo es el primer pájaro que canta antes de que amanezca. En realidad, su canto no es especialmente potente ni atractivo. Entonces descubrí por qué es el primero en cantar: cuando amanece, todos los pájaros comienzan al unísono a entonar ruidosamente sus melodías y ahogan el débil canto del mirlo. Para que otras voces no ahoguen la suya, él canta primero.
Cuando descubrí esta historia, el Dios de la Palabra habló a mi vida. No se trataba de una voz audible, sino de una fuerte impresión, una seguridad sobrenatural en mi conciencia sobre cómo debía aplicarla a mi propia vida. Dios me hizo comprender que, al igual que el mirlo, yo debía acudir cada mañana a la reflexión de su Palabra para oír su voz primero, antes de que otras voces y los quehaceres del día ahogaran su «silbo apacible y delicado».
La meditación de la Palabra, su lectura sosegada y la fortaleza interior que provoca su pensamiento nos traen la paz que tanto necesitamos en un mundo hostil y convulso. Cuando nos alimentamos de la Palabra de Dios, sus nutrientes espirituales benefician nuestra alma: «Fueron halladas tus palabras, y yo las comí; y tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón» (Jeremías 15:16 Reina-Valera 1960 RVR1960).
Asimismo, cuando las certezas de la Palabra de Dios impregnan nuestra mente y nuestros pensamientos con la verdad, la justicia, la misericordia, el dominio propio, la paz y el amor —en definitiva, la cultura de la Verdad—, se establecen en nuestra mente rutas y esquemas preferentes de pensamiento que acaban configurando nuestro estilo de vida. Se traducen así en vidas estables, con seguridad y esperanza, como auténticas y sólidas anclas; vidas sin miedos que las gobiernen y, por lo tanto, en verdadera libertad, aquella libertad de la cual Jesús dijo: «Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres». (Juan 8:32 RVR1960)
La vida pasa tan rápido que tenemos que ser muy intencionales en cómo utilizamos nuestro tiempo y en qué permitimos que moldee nuestra mente y nuestro espíritu.
Para reflexionar
- ¿Qué es lo primero que haces cada mañana al levantarte?
- ¿Escuchas primero otras voces en las redes sociales o escuchas primero la voz de Dios?
Por: Juan Varela
Fuente: www.bible.com/es-ES/reading-plans/78024-mundo-volatil/day/1